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Artistas que brillan


Crítica de la exposición La llum del Mare Nostrum. Homenaje a Eusebi Sempere, por Minerva Sánchez

Artistas que brillan

Como conmemoración del trigésimo aniversario del fallecimiento del artista colivenco Eusebio Sempere, el Museo de la Universidad de Alicante acoge (hasta el 28 de marzo) la exposición Llum del Mare Nostrum. En este homenaje podemos encontrar obras de numerosos artistas con un común denominador, la acusada influencia de la luz y el mar en sus obras.

En esta exposición, artistas de todas las corrientes se unen para homenajear a uno de los pintores más influyentes del Levante, y con gran trayectoria en el extranjero, aportando sus obras más luminosas y, por qué no, en gran grado mediterráneas, ya que la mayoría de ellos nacieron al lado del mar.

En 1953, Eusebi decidió romper con la figuración y formar parte de la corriente cinética. Sin embargo, el abandono del arte figurativo no le impidió introducir la luz real en sus composiciones para “hacer vibrar la luz y dar profundidad a sus creaciones pictóricas” de los años 50 para no volver a desprenderse de ella. Ni tampoco de la naturaleza, ya que fue una línea temática que nunca llegaría a abandonar.

Por esta razón, la luz y el mar son los ingredientes básicos sobre los que se basan multitud de obras como Sin título (2011) de Rafa Macarrón. La obra del artista madrileño (una procedencia singular dentro de la exposición) nos traslada a una habitación color azul oceánico sobre el que se hallan cuatro simpáticas y estrambóticas figuras cargadas de narración. El fondo está logrado con relieves y superposiciones que articulan la iluminación configurando una composición con perspectiva y profundidad propias, tal y como solía hacerlo Eusebio en sus geometrías con luz natural o sus “relieves luminosos”.

De la mano de Pep Garró y su collage El mar, la niña y la mascota (2014) encontramos la expresión literal del mar alicantino. En la obra podemos apreciar la fotografía de una niña que, intervenida pictóricamente, posa junto a una especie de criatura del futuro. La composición, que data del pasado año, parece una secuela de su colección Náufragos (2012), protagonizada por seres perdidos que sobreviven en un mundo que ya no es el suyo.

En el recorrido por La Llum del Mare Nostrum encontramos también uno de los Postludio (1999) del pintor de la geometría imposible: José María Yturralde. A través de un perfecto degradado azul, el artista establece una metáfora sideral de lo que él denomina con un concepto de la astronomía, la “materia pulsante”. Es decir, el proceso de expansión perpetua; la entropía a la que sólo puede interponerse la vida; y en este caso, el marco. Para Yturralde, el centro de todo ese proceso expansivo viene determinado, como no, por la explosión lumínica.

Y si hablamos de universos en expansión, no podemos pasar por alto la obra de Ferrer i Martorell Ritmes d’expansió (2014). La obra nos traslada a un momento congelado dentro de una evolución dinámica de formas que estallan. Todo un universo oceánico gracias al color azul y a la figuración acuática, generada por el metraquilato y sus relieves que, junto a las circunferencias del fondo, recrean toda una serie de burbujas acuáticas. Los relieves del metacrilato y la transparencia del material crean destellos que hacen brillar la luz, tan presente en esta exposición.

Por otro lado, Mompó recrea un acto tan cotidiano como es el de mirar las nubes. Lo hace a través de una composición básica en la que el blanco es, como en la mayoría de sus obras, el color predominante. Y es que tan sólo a partir de la monocromía, Mompó es capaz de acusar la influencia de la luz tan característica de los artistas levantinos como él.

La obra Espacio Ambiguo (1995) representa la presencia de uno de los compañeros de Eusebio en el Grupo Cuenca. En ella su autor, Antonio Lorenzo, materializa las inquietudes abstractas de su generación mediante objetos integrados en una composición marítima en la que consigue la armonía entre materiales, texturas, líneas, puntos, grafismos, etc. en un espacio, con cierto orden geométrico, en el que hay lugar para todo tipo de experimentación.

Y continuando con los fondos marítimos, no podemos dejar de mencionar al gaditano Vicente Vela y su obra Fondo Mediterráneo VI (1994). Se trata de uno de sus llamados “bodegones” junto al que aparecen multitud de objetos mecánicos, tecnológicos y artísticos con cierto aire futurista. Numerosos objetos acumulados en el fondo del mar nos trasladan a espacios remotos y tiempos inexplorados, a las estatuas clásicas en contraposición a la chatarra del presente.

Llaman la atención otras obras con alto componente crítico y social como Arc de Sant Martí (2002) del expresionista figurativo Antoni Miró o Mar en Calma (2004) de Juan Cuéllar, en la que se visualiza el equilibrio transitorio al que necesita llegar quien ha de amainar sus agitadas aguas con comprimidos.

No cabe duda de que se trata de una exposición muy bien articulada en la que la cohesión entre tanta diversidad técnica y de corrientes artísticas, viene marcada por la luz, el mar y la naturaleza, En este sentido, el propio Eusebi solía decir: “Yo creo que la naturaleza es el principal tema de toda obra: sale de ella porque estamos inmersos en ella.”

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