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Valèntia en el diván

Valèntia de Patricia Pardo, Begoña Tena, Xavier Puchades, Maribel Bayona y Jaume Policarpo.
DireccióN: Cristina Cervià, Xavier Puchades, Laura Uselti, Eva Zapico, Paco Zaroso;
escenografía: Jaume Policarpo;
diseño de iluminación: Mundi Gómez; v
estuari: Juanma Picazo;
interpretes: Verònica Andrés, Àlex Cantó, Rosanna Espinós, Cristina García, Teresa Lozano, Begoña Tena.
Paranifo (Universidad de Alicante), 15/11/2012.

Por Enrique Lomas

LA LOCURA DE UNA SOCIEDAD RECORTAD
A


La sociedad valenciana vive, malvive o padece, más bien, un momento caótico y difícil, y Valèntia es su espejo. A través de esta obra se nos presenta una sociedad enferma, desprotegida, vulnerada y menospreciada que recorre algunos de los acontecimientos más significativos de la crisis, promovida desde el poder político. La obra forma parte del cartel en la XX Muestra de Teatro Español de Autores Contemporáneos (Alicante, del 9 al 18 de noviembre de 2012) y es la primera obra teatral del colectivo VEUS (http://veusvalentia.blogspot.com.es/ ), estrenada en julio de este año.

La ciudad, que se configura al comienzo como un referente de la modernidad, el futuro y el progreso (Palau de les Arts, Copa América y visita del Papa, entre otras), se hace incompatible con la sanidad. Entre las dos fuerzas se establece una lucha que desencadena la locura; es el resultado de un asunto de dinero –o de prioridades--. Además, la situación social, el futuro y el bienestar se desestabilizan como un castillo de naipes: un joven cualificado pero sin trabajo se ha de hacer cargo de su abuela con Alzheimer; la precariedad económica y laboral provoca que el futuro sea incierto; las hipotecas sobre la vivienda secuestran a las personas y las ilusiones; la corrupción política y el despilfarro subordinan nuestras vidas a los intereses de unos pocos.

Dos momentos adquieren una fuerza especial en el conjunto de la obra. El primero, en un tono más bien cómico –sin restarle la tragedia al mismo tiempo- al tratar la educación. No pasa nada si el espectador nada más capta sólo nĭ hăo en el diálogo entre las dos profesoras: practican la lengua que se quería implantar en el sistema educativo valenciano y que, finalmente, parecía que se iba a utilizar como lengua para vehicular la enseñanza del valenciano. Al menos, así nos los explican. Education for de Citizenship, o su equivalente en chino, y la posterior modificación para quitarle la carga ideológica se sintetizan visualmente en el cambio del retrato de Juan Carlos I por el de Franco. En la educación pública, los profesores sueñan con un sistema educativo de calidad, con equipamientos adecuados y una ratio de alumnos apropiado. Sin embargo, en contra de sus deseos tiene n que hacer frente a una sucesión de leyes educativas desilusionantes, a opositores eternos, a símbolos religiosos, a la privatización ya recortes en material y profesores. Es magistral el simbolismo con el que acaba la escena: dos funcionarios se llevan poco a poco la mesa y las sillas de la sala de profesores, para acabar llevándose a rastras también a los propios profesores.

El segundo momento, una escena que puso los pelos de punta a todo el auditorio, recodando y reviviendo la Primavera Valenciana. Los actores supieron transmitir el miedo, la impotencia y la incredulidad frente a la atrocidad policial, reacción incívica a una protesta iniciada por los alumnos del IES Lluís Vives y comprada en algunos medios con el terrorismo. Los juegos de luces también desempeñaron un papel importante para reflejar la pasividad de algunas personas, la angustia de los padres que no sabían qué era de sus hijos o de los ciudadanos que se vieron rodeados de un estado policial. También consiguieron mostrar la unión de los valencianos, la unión de un pueblo que no es el enemigo.

Y, como era lógico, no podía faltar la denuncia de las políticas culturales del Gobierno valenciano: en el último acto, la pregunta “¿alguna vez has visto un teatro?”, sólo puede tener como respuesta “sí, si que he visto alguna, en Londres”. Resultaba evidente, a raíz de la futura desaparición de Teatres de la Generalitat en un holding empresarial, de los recortes en la financiación de la industria cultural valenciana y del cierre de teatros públicos, acontecimientos que han puesto en pie de guerra a los actores del País Valenciano.

Las consecuencias de la historia de Valèntia, Valencia, desembocan en el acto final, en un futuro muy cercano en el que se presenta una clase política dominante, encarnada en un hombre joven, deshumanizado y autoritario, hijo de una prostituta –en los todos lose sentidos-, que ahoga verbal y físicamente a una cantante despedida, símbolo de una ciudadanía sin futuro que, a pesar de su formación y su trabajo, para los poderosos sólo puede (podemos) ejercer de traductora rumana.

Un juego sencillo, con una mise en scène austera, idéntica a la condena que cae sobre Valencia. Así, el protagonismo reside en las palabras, en los hechos que se denuncian, en el juego con la temporalidad, en el que se entremezcla el pasado, el presente y el futuro. Un pasado reactualizado en sistema educativo, la brutalidad policial, en el desmoronamiento del estado de bienestar, que hace recordar los años más grises del siglo pasado y que parece que, por el momento, es la única opción de futuro. Todo ello, acompañado de dos canciones interpretadas por los mismos actores del grupo pegolino La Gossa Sorda (‘Camals mullats’ i ‘El dia que tot rebente’, incluidas en el disco Saó de 2008) que sintetizan la problemática de la obra y la recepción que se hace.

Valèntia no es sólo un lugar en un imaginario colectivo, el cap i casal, como símbolo de cada rincón del País Valenciano, sino que también es, si dejamos de lado el acento abierto, la valentía para luchar contra los recortes. Esta pude ser la respuesta que se pretende suscitar en el público, en nuestra sociedad, la valentía que nos hace falta, como en el caso de la cantante despedida del último acto, porque, después de la impotencia ante los golpes, podamos recobrar la fuerza y dar una bofetada fuerte y contundente al poder establecido para liberarnos. Y la respuesta no podía ser otra que un público entregado, aplausos espontáneos toda la obra y el reconocimiento de los espectadores en una realidad que, teatralizada, partimos diariamente los valencianos, realidad que, personalmente, me ha sido imposible dejar de lado al escribir esta crítica.

VEU Revista Cultural de la Universidad de Alicante


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