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Primavera triunfal



Primavera triunfal

Una reseña de Sara J. Trigueros

En 2005 Mihnea Ignat se situó al frente de la Orquesta Filarmónica de la Universidad de Alicante. Desde entonces, ha cumplido puntual con cada ciclo de conciertos de primavera, y este año no iba a ser menos. A él, en esta ocasión, además de la OFUA, le acompaña el pianista Silvan Negrutiu para cerrar el equipo que podremos ver a lo largo de los cuatro conciertos que forman el ciclo completo.
Como es habitual, la velada se abrió con las palabras del vicerrector de Cultura, Carles Cortés, prestando su apoyo a Alinur, organización a la que irá destinada la recaudación obtenida a partir de la venta de entradas. A Carles Cortés le siguió el presidente de Alinur, tras cuya intervención dio comienzo el Concierto para piano nº 5 de Beethoven, «El Emperador». La orquesta realizó un magnífico soporte al virtuosismo de Silvan Negrutiu, a pesar de que el sonido de la sección de viento resultó algo pobre en comparación con el del resto de instrumentos.

La dirección de Mihnea Ignat en esta primera parte fue comedida, quizá demasiado austera, pero compensada por la expresividad del solista, que agradó a todos, tanto en el escenario como en las gradas. A la hora de coordinar las entradas de los temas, la compenetración entre director y solista fue más que evidente. De los tres movimientos, aunque el más aclamado fue el segundo por la elegancia en la ejecución de un movimiento tan sutil, el que yo destacaría es, en cambio, el tercero. Con todas sus secciones ya perfectamente ensambladas, la orquesta dialogó de forma soberbia con cada uno de los temas que iba introduciendo Negrutiu al piano. No pudieron menos que ser aclamados al apagarse el último acorde.

"Danza de la moza donosa", del argentino Alberto Ginastera, fue la pieza que Silvan Negrutiu decidió utilizar como bis antes del descanso. Negrutiu la interpretó con una gran belleza, aunque la elección desentonase con el espíritu de las dos piezas principales del concierto, compuestas un siglo anterior.

Después del descanso, el concierto se reanudó con la Sinfonía nº 5 de Tchaikovsky. Pese a que la instrumentación de la sección de viento estaba completa, su sonoridad se vio ensombrecida por el volumen de la sección de cuerdas, mucho más potente. Si ya mencionaba en la primera parte del concierto que el sonido de los vientos era algo pobre, en ésta se hizo mucho más evidente, sin que ello fuera en perjuicio de la calidad de la interpretación y del resultado final de ésta. De especial mérito me pareció el trabajo de la sección de los metales, en especial el del trompetista, que interpretó con gran vivacidad los pasajes donde tenía más protagonismo.
Mihnea Ignat en esta ocasión sí se mostró soberbio al mando de la orquesta, de forma que su comunicación con los músicos pudo percibirse también entre los que estábamos escuchando ese empaste de sonido, que fue verdaderamente mágico. Perdido el comedimiento con el que el concierto había dado comienzo, los músicos también se engrandecieron, en especial las cuerdas, que compitieron en vitalidad con maderas y metales en la búsqueda de una sonoridad que supo ir, como demandaba la obra, de lo trágico a lo triunfante. Sorprendentemente, donde menos destacó la orquesta fue en el segundo movimiento, más lírico que los restantes, sobresaliendo en cambio tanto en el primero como en los movimientos tercero y cuarto. Especialmente en el último, manteniendo en vilo a buena parte del público.

Por desgracia —lo que ya es una constante en todos los conciertos— cada vez es más patente la escasa educación musical que recibimos, algo que queda perfectamente ejemplificado en la costumbre de aplaudir efusivamente antes de que la obra finalice (es decir, entre cada uno de sus movimientos). Esto es algo a lo que los puristas ya nos hemos acostumbrado con resignación. Lamentablemente, y pude ver cómo esto incomodó a más de uno, en esta ocasión, además, se tuvo la ocurrencia de aplaudir tras una cadencia en el cuarto movimiento de la sinfonía de Tchaikovsky, rompiendo el efecto que dentro de la música se generaba. Quiero pensar que a fuerza de repetirlo, algún día conseguiremos evitar este tipo de situaciones incómodas.

En cualquier caso, el balance general creo que ha quedado claro: la Universidad de Alicante no podía haberle dado una mejor bienvenida a la primavera. Una gran selección musical y una interpretación con una calidad a la que, pese a la juventud de los miembros de la OFUA, pocas faltas pueden sacarse.

Programa:

Ludwig van Beethoven – Concierto para piano y orquesta nº 5 en Mi bemol Mayor «El Emperador», Op. 73
Bis: Alberto Ginastera – "Danza de la moza donosa" (de Danzas Argentinas)

Piotr Ilich Tchaikovsky – Sinfonía nº 5 en mi menor, Op. 64

Fichero adjunto: Ofua Alinur-2787IMG_3637


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